IGLESIA PERSEGUIDA

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domingo, 22 de abril de 2018

DOMINGO 22 DE ABRIL DE 2018, 4º DE PASCUA - JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


«YO SOY EL BUEN PASTOR Y DOY MI VIDA POR LAS OVEJAS»



     El domingo del Buen Pastor nos recuerda que el Padre, que en el Antiguo Testamento refleja su deseo de pastorear a su pueblo, de cuidar a las ovejas con mimo, ahora en Jesús, el Buen Pastor,  se hace realidad concreta y real. Él es el Pastor Bueno, el Pastor hermoso que entrega su vida para que tengamos vida en abundancia, y no hay mayor belleza que “cuando uno se entrega por amor hasta el final”.

     Tres son las características del Buen Pastor que Jesús, no sólo predica con su palabra, sino con el ejemplo de su vida donada.

1.  -El Buen pastor, Cristo Resucitado, nos ha salvado del pecado y de la muerte. También, junto con ser Pastor bueno es “el Cordero que quita el pecado del mundo”. Es curioso que Jesús, en su Persona divina y en su humanidad, armoniza estas dos realidades: es Pastor y Cordero. Pan de vida y “carne inmolada” por amor, Pastor y pasto, como recordamos en la fiesta del Corpus Cristi. “Oveja perdida ven sobre mis hombros, que hoy no solo tu pastor soy, sino tu pasto también”.
2.  -Dar la vida por las ovejas es la nota de identidad del Buen Pastor y de todos los que participan del pastoreo del Corazón de Cristo. Este ser pastor que tiene el talante de no descansar y acompañar a las ovejas, las acompaña caminando a su lado y las estrecha contra su corazón. Con otras va delante para desbrozarles el camino y que no se pierdan, y con otras se queda atrás, el último, para que experimenten que la Misericordia del Señor las acompaña siempre, de “noche y de día”.
3.  -Por último, el Buen Pastor siempre se caracteriza por ser un corazón “en salida”, que busca las ovejas perdidas y que entrega su vida para que “tengan vida y la tengan en abundancia”. 

     Es muy hermoso comprobar que somos cuidados por el Buen Pastor, que nos hace experimentar, una y otra vez, lo del Salmo 22: “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


Voy a comulgar…



 El sacerdote ha pronunciado las palabras terribles, que la piedad carnal llama consoladoras: "Señor, yo no soy digno...". Jesús va a llegar, y debo prepararme para recibirlo, y no tengo más que un minuto... dentro de un minuto Él estará en mi morada.
     Yo no recuerdo haber barrido esta casa, donde Él va a entrar como un rey o "como un ladrón"; pues no sé qué pensar de esta visita. ¿He limpiado siquiera alguna vez mi morada de impudicia y de carne?
     La miro, con una pobre mirada de espanto, y la veo llena de polvo y basuras. En toda ella hay un olor a putrefacción y a inmundicia. No me atrevo a examinar sus rincones. En los sitios menos oscuros, advierto manchas horribles, antiguas y recientes, que me recuerdan que he masacrado a inocentes, -¡a cuántos inocentes y con qué crueldad!-
     Las paredes están cubiertas de podredumbre y su fría humedad me hacen pensar en las lágrimas de tantos desdichados que me han implorado en vano, ayer, anteayer, hace diez, veinte, cuarenta años... Pero ¡qué!... Allá, delante de esa puerta descolorida, ¿qué monstruo es ese, que no había visto antes, y que se parece a uno que a veces entreveo en el espejo?...
     ¡Ah, verdaderamente es necesario ser Dios para entrar sin temor a semejante casa!
    ¡Y Él ya está llegando! ¿Cuál será mi actitud, qué voy a decir, qué voy a hacer? Absolutamente nada.
     Antes de que El haya transpuesto el umbral, yo no estaré ya ahí, habré desaparecido, no sé cómo, pero estaré infinitamente lejos, entre las imágenes de las criaturas. El entrará solo, y limpiará Él mismo la casa, ayudado por su Madre, cuyo esclavo pretendo ser, y que en realidad es mi humilde sierva. Cuando Ellos hayan partido, el Uno y la Otra, para visitar otras cavernas, yo regresaré y traeré otras inmundicias…

                                  LÉON BLOY  (1912 - FRAGMENTO DE SU DIARIO) 

domingo, 8 de abril de 2018

DOMINGO 8 DE ABRIL DE 2018, - DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA Y 2º DE PASCUA


«COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ TAMBIÉN OS ENVÍO YO»



     El Evangelio de Juan nos dice que a “los ocho días llega Jesús”. Es la cita en el cenáculo de la intimidad con la Misericordia del Señor. Es desde donde el Señor nos da su gran misión de Misericordia, de ir por el mundo para anunciar el perdón de los pecados. Es una gozada descubrir lo que les decía el papa San Juan Pablo II a los sacerdotes en Inglaterra, que no existe ningún pecado que limite la Misericordia del Señor.
     Contrasta en el cenáculo la cercanía, la misión, el amor misericordioso del Resucitado con la actitud, sobre todo, de Tomás y de todos los incrédulos del mundo y de la vida que tienen en Tomás su patrono. Una persona fría y calculadora que siempre tiene crisis y sospechas con la institución, con los hermanos, con el colegio apostólico.
     Porque ¿dónde estaba Tomás cuando se aparece el Resucitado en el Cenáculo? ¡Cuántas gracias comunitarias nos perdemos por no vivir la comunión con la Iglesia, con la comunidad, con los hermanos! No existe auténtica misericordia si no hay comunión con la Iglesia y con los hermanos más pobres.
     La Misericordia del Señor nos conduce al cenáculo de su Corazón, al lago Tiberíades de la vida. Id a Galilea y allí me veréis” y sigue capturando la misericordia del Resucitado a los que se van del cenáculo y recorren caminos de desesperación y amargura. El Señor escucha, una por una, sus quejas hasta devolverles con su Corazón ardiente a la senda de la esperanza que le hará volver al cenáculo en clave de fraternidad y misericordia.
     Es necesario este evangelio del Cenáculo para afirmar que Dios, a veces, escribe derecho con renglones torcidos y que la incredulidad de Tomás abre y toca el Corazón del Señor que lo conduce con su Misericordia a confiar en sus hermanos. Mientras tengamos la esperanza cierta del Amor de Dios y creamos en su infinita Misericordia habremos encontrado, a través de ella, el tesoro del Evangelio.
+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres