TIEMPOS LITURGICOS

TIEMPOS LITURGICOS

viernes, 13 de octubre de 2017

DOMINGO15 DE OCTUBRE, 28º DEL TIEMPO ORDINARIO



«¿CÓMO HAS ENTRADO AQUÍ SIN EL VESTIDO DE BODA?»



      Ser cristiano es ser invitado por el Padre a vivir en la continua fiesta del Amor de su Hijo, de su entrega a la humanidad, a las bodas de su Hijo Jesús con la humanidad.
     Parece desconcertante la postura de los invitados: ¿Cómo no aceptar la invitación del rey a la fiesta de su hijo? ¿Tendríamos motivos para quedarnos fuera de la fiesta? Sería algo inimaginable. Tan extraño como posible.
     Sin embargo uno por uno se van escabullendo de la invitación del Señor. No se van a cosas malas, no son inmorales, son indiferentes que a veces es peor y no son capaces de aceptar la invitación  de Jesús a vivir en la fiesta de su Amor. Decía la Madre Teresa de Calcuta que el mayor pecado que cometemos contra Dios es la indiferencia.
     El Señor siempre nos invita, a través de mediaciones de sus criados, a que aceptemos y entremos en la fiesta de su Corazón que salva y sana.
     La clave está en que no hacen nada malo, pero son tan ricos y tienen tantas cosas que hacer, que vivir, que acaban olvidando el sentido de todo. No tienen espacio para nada ni para nadie, no están para invitaciones
     Ante la actitud incompresible la parábola se hace siempre rabiosa actualidad, sólo se puede evangelizar e invitar a los ricos con la evangelización y conversión de los pobres. Cuando el Señor sale a buscar a los pobres que viven en todas las periferias y, como Iglesia en salida, se encamina a todos los que sufren con la convicción de que cuanto más pobreza aceptada hay en nuestra vida, más se hace presente la misericordia del Señor y más podemos salir al encuentro de los que viven sin enterarse de la fiesta.
     El participar en la fiesta de la salvación, de la realización del Amor exige acoger la invitación de que a la fiesta es ir y prepararse con el traje de fiesta de la nueva vida y que nos posibilita a participar en la fiesta, en el gozo, en la alegría que no tendrá fin.
     La coherencia de vida, que tanto recalca el Papa Francisco, es necesaria para vivir en la única fiesta, la del Amor de Dios, que no apaga nunca sus luces porque no tiene fin.

+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres


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